Escrito por Facundo Cruz    Miércoles, 17 de Febrero de 2010 18:58   
Sí, tenemos instituciones
Senado
Tenemos un nuevo escenario político. El verano nos dio bastante de comer, tanto a periodistas como a politólogos. El panorama parece que está cambiando. No es perfecto –nunca lo es- pero hay una nueva orientación.

Lo nuevo: la política argentina vuelve a tener ese cimiento sobre el cual debe construirse y administrarse. Son las instituciones, esas normas y reglas –no son sólo edificios- sobre las que se debe canalizar y ejercer el poder político.

Ultimamente se dudaba si las instituciones argentinas iban a poder sobrevivir al kirchnerismo. Claro, estábamos acostumbrados a un estilo de gobernar que avasallaba continuamente y menospreciaba del respeto a un conjunto de normas y reglas establecidas. Pero ahora parece que el viento sopla en otra dirección.

La batalla por el Congreso se ha convertido el alma máter de este “retorno de las instituciones”. La primera disputa fue la definición de las autoridades de las comisiones el pasado mes de Diciembre. Primera derrota kirchnerista post 28-J. 

Para el Senado hay que esperar unos días más, pero se avecina una tormenta similar. El Gobierno Nacional no pudo torcer las voluntades de los senadores más díscolos y se ha desvanecido –momentáneamente aunque sea- la idea de una Cámara alta favorable a los intereses oficialistas. Si llegara a concretarse el control opositor de las principales comisiones y la totalidad del recinto, el kirchnerismo se verá forzado a negociar y tendrá muchas dificultades para detener las propuestas opositoras.

Un tercer poder también ha recobrado protagonismo recientemente: el Judicial. El Reservas-Redrado-gate puso sobre el tapete la importancia que cumplen los jueces en el balance entre poderes en un Estado moderno y eficiente. El DNU presidencial que establecía el pago de una porción de la deuda con reservas del BCRA no podía salir sin tratamiento parlamentario. El Poder Judicial lo frenó. El Gobierno Nacional protestó. La oposición política festejó. 

¿Por qué entonces cambia el panorama? Podemos ver el funcionamiento institucional como un juego con actores racionales con capacidad de veto. Castellano por favor, Leviatán. 

Con esto quiero decir que cada actor en el juego político tiene sus propios intereses individuales. Como la mayoría de esos actores ahora busca imponer ciertos límites al oficialismo –y tienen con qué- el poder no está tan concentrado. Hay un mayor balance.

Y ese balance incomoda al kirchnerismo. Por eso, estos actores conspiran. Carlos Verna –senador por La Pampa- puede convertirse en traidor. Julio Cesar ya lo es. Y el “Partido Judicial” también.

La oposición, contenta. Ella sí se siente cómoda con las instituciones y el balance de poder que ayudan a construir. Este retorno implica, entonces, volver a encontrar ciertos límites a un estilo particular de gobernar. Esto viene de la mano de una mayor capacidad e intención de negociar. Resumiendo, lograr acuerdos.

Una salvedad para ir concluyendo. No sólo la oposición debe negociar con el oficialismo para lograr estabilidad institucional. También deben negociar entre sí sus propios representantes. Las últimas semanas fuimos testigos de arduas disputas entre distintos representantes opositores, que a futuro pueden afectar este “retorno” al que hacemos referencia.

Las instituciones volvieron. ¿Para quedarse? Dependerá de todos los personajes de esta historia. Son muchos, es verdad. Pero uno mantiene la esperanza. Sino, ¿para qué tenemos instituciones?



 
Autor de la nota: Facundo Cruz

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